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07 julio, 2014

Mi primera experiencia con una tienda Apple

    A mediados de la semana pasada mi Macbook Pro de 2011 dejó de cargar. Así, como suena, era poner el cargador y no se activaba el led del Magsafe. En ese momento pasé por todas las etapas previas al asesinato: Me entró pánico por poder perder todo el contenido de mi equipo y posteriormente me indigné porque todos mis cachivaches de Apple acaban siendo pisapapeles caros. Mi mujer estuvo dándome ánimos en todo momento, remarcando que podía ser cosa del cargador y no del portátil.

En capítulos anteriores: Mac Mini, el pisapapeles.

    Porque esa es otra, si el portátil no carga la batería pueden ser por miles de cosas, desde el cargador que se ha estropeado, pasando por una falla del contacto en la placa o incluso una batería defectuosa. Me puse a googlear y puse el grito en el cielo al ver que los cargadores oficiales de Apple valen 80 euros. ¡Toma jeroma! ¿Qué los hacen con oro o algo? Vamos, que gástate tú 80 euros para comprobar que si lo que falla es el cargador o el portátil que se ha roto... Visto lo visto me puse a revisar en Amazon y comprobé que también existen cargadores truchos chinos, los cuales están llenos de votos negativos porque se ve que se rompen en menos de tres meses. El escenario para mi no podía ser más caótico, así que el viernes por la tarde cogí mi portátil y el cargador y me fui a la tienda Apple a ver si "con lo enrollados que son" me dejaban probar un cargador antes de comprarlo.

    Entré y me encontré con un modelo de negocio que nunca antes había visto en Valencia. Una planta baja con tropecientas tabletas y portátiles para probar. El sueño de cualquier padre que quiera librarse de sus hijos adolescentes durante toda su tarde, vamos. Ahí me veo con una serie de dependientes, me acerco a una y le comento mi situación. Acto seguido me lleva al fondo de la tienda, saco mi portátil y comparamos el estado con un cargador similar que tienen para esta clase de problemas. Ahí verificamos que lo que está roto es el cargador y me comenta que tengo dos opciones:
  • Comprar el cargador diréctamente por 80€.
  • Pasar el cargador como averiado y que me lo cambien por uno nuevo por 50€.
    Entonces los angelitos revolotearon por mi cabeza con campanas al vuelo cantando canciones de "¡Aleluya, aleluya!"... puesto que pese a que 50 pavos sigue siendo mucho dinero, por lo menos es un infarto menor al que desembolsar 80. Mi meta era primero verificar que era problema del cargador y segundo evitar pagar semejante bestialidad y mi objetivo se estaba cumpliendo. Ahora bien, la dependiente me remarcó que ella no podía realizar ese servicio, que debía de subir a la primera planta y pedir cita con el servicio técnico o bien hacer cola.

    Entonces subo (sí, tiene más de una altura) y me encuentro con lo mismo, un montonazo de tabletas y portátiles para que la gente toque y un ejército de dependientes ocupados: El que no vendía daba clase y el que no estaba en la "Genius Bar" (que cool suena eso) encargándose de los problemas. Así que me dirijo al final y me pongo a hacer cola. Ahí, una señora, muy bien vestida e indignada por la espera, espeta un "¡Si es que tenía que pedir cita! ¡Si pides cita te atienden enseguida!". Y yo en pantalón corto, chanclas, pelo hippie y teléfono Android del jurásico haciendo cola al rededor de gente cheta (rica) donde aparentemente todo el mundo adoraba a un Dios con forma de manzana.

    En fin, una vez es mi turno éste se fue volando, puesto que fue explicar mi problema al mozo y me contestó que al ser un portátil de 2011 éste estaba fuera de garantía, que de hacer el cambio apenas me ahorraba dos o tres euros y que no valía la pena, que fuera al fondo a comprar un cargador nuevo, que sería mejor. Así que voy a hacerle caso y me voy al otro extremo de la tienda a preguntar cual de todos tenía que comprar (puesto que el mozo anterior me dijo que debía ser un Magsafe de menos de 85W y en Google me decían que debía ser sí o sí de 60W) y ahí la respuesta del dependiente de ventas fue la misma que tuve de la primera dependienta: Que con temas de cargadores no hay garantía, que puedo exigir comprarlo por 50€.


    Yo me encontraba flipando, así que me fui otra vez a hacer cola y el chaval que me atendió me repitió lo mismo hasta que le corté con un: "pero es que tus compañeros me dicen que no son dos o tres euros que me ahorro, son treinta." En ese momento pude vislumbrar cómo al chaval se le transformó la cara en blanco pálido, momento en el que me llevó a un compañero para verificar que sí, que el cambio valía 50€, pero sin IVA. Es decir, que lo que quería hacer se podía hacer, pero por 60,50€ (IVA incluído), que la garantía del cambio era de 3 meses (comprarlo nuevo serían dos años) y que no podía hacerlo en el instante, que tenía que irme a la web de Apple, pedir cita con la Genius Bar (¿he dicho ya que mola ese nombre?), volver en la fecha señalada y hacer dicho cambio. Todo me pareció muy rebuscado y exageradamente burocrático, algo que entra en contraste con el modelo de guardería de poner a disposición del consumidor tropecientos iPad y Mac para que trastee "todo quisqui". De todas formas, viendo que aún así supondría un ahorro de 20 euros decidí aceptarlo.

    Así que al llegar a casa arranqué mi flamante Netbook con Fedora (como es lógico, si el portátil no carga, pues no lo puedo encender) y la primera en la frente. La web de Apple no es compatible con el navegador Midori, obligándome a instalar Chrome (o algo similar a Safari) para poder pedir cita. Eso sí, todos los pasos fueron mega fáciles de realizar y me permití el lujo de poner en observaciones que lo que quería era símplemente cambiar un cargador estropeado.

   El sábado llegué con media hora de adelanto a la tienda de Apple, así que decidí ir un momento a Mercadona (hay uno al lado) para comprarme una merienda. Ahí vi una oferta de 6 panecillos por un euro, así que con eso y un café latte "trucho" ya estaba más que servido. En la salida vi un mendigo, me acerqué a él, le di una limosna y mi corazón me obligó a ofrecerle un panecillo.
- "¡Gracias! ¡Me vendrá muy bien!" - Me dijo con una voz de extranjero mientras me cogía la bolsa con los seis panecitos.
- "No, no, te pregunto si quieres uno, no todos."
- "Gracias, sí, a mi gustar" - Me contesta con una sonrisa.
- "Que quería ofrecer sólo uno...".
- "Sí, gracias".
- "A ver, trae 'pacá' la bolsa." - Cojo la bolsa, la rompo, saco un panecillo para mí y le doy el resto. - "Ale, con esto estamos los dos contentos."

   Me levanto con la anécdota del día mientras el mendigo casi llora de alegría por tener cinco panecillos y una limosma, mientras me pregunta si sabía cuando jugaban Argentina y Bélgica. - "Ya deben de estar jugando, creo que empezaba a las seis."

    Llego a la Genius Bar (joder, sí que queda cool ese nombre) y me dan la mano, me preguntan si soy Sebastián, asiento, me preguntan si es por el tema del cargador y vuelvo a asentir. Les muestro mi portátil, se anota el número de serie para verificar el cargador exacto que hace falta... lo prueba... y saca toallitas y se pone a limpiarme el portátil hasta que éste queda como nuevo. Yo ahí ya me encontraba alucinando. Encima el "Genius" te daba conservación amena e incluso te daba consejos sobre cómo limpiar mejor el teclado. Es decir, el sistema estaba totalmente automatizado, se ve que se aprenden cual es tu problema y tu nombre antes de que llegues y además te dejan los equipos niquelados, si los traes.

- "Si te llego a decir que tengo instalado Linux, ¿me lo dejarías tan límpio?"
- "Con Linux no hay problema, ahora bien, si llega a ser Windows...".

    En menos de cinco minutos ya tenía mi cargador cambiado por otro, más barato que comprando uno nuevo y encima me habían dejado el portátil como los chorros del oro. Estos de Apple son de otro planeta.

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