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06 mayo, 2015

La lenta agonía del barrio

    Volví de un largo viaje de empresa y quise cortarme el pelo, así que fui a la peluquería de siempre, a la que llevaba yendo desde hace un par de años. Pero ya no estaba, en el bajo donde se encontraba sólo había un cartel de "se alquila". Echaron el cierre. Era una situación que se veía venir, pero que a pesar de las pistas uno no se da cuenta de ellas hasta que la situación estalla. Por ejemplo, un par de meses antes mi mujer me dijo que la nueva chica de la peluquería era maleducada y que no tenía tacto con el cliente, por decirlo de alguna forma. Aún así, yo llevaba varios años acudiendo a esa peluquería y a pesar de la bajada en la calidad del servicio, nunca pensé que cerrarían. Desde su cierre no me he cortado el pelo. Es más, hoy luzco una melena bastante digna.

    El mes pasado cerró mi kebap favorito, un negocio situado debajo de casa de mis padres que tenían un proyector que te permitía ver películas o el fútbol en una pantalla gigantesca. El precio era económico y el servicio bueno, pero solía estar vacío, hasta el punto de que un par de veces los dependientes nos dejaban a mi mujer y a mi seleccionar el canal de televisión que quisieramos ver. También hacían pizzas y solía ir ahí a encargarlas y los días que queríamos kebaps pedíamos de paso faláfel y aros de cebolla. Siempre tenían algún detalle con nosotros, cuando no nos regalaban algún refesco nos daban alguna ración gigante de patatas. Un domingo aparecí para encargar unas pizzas y el dependiente me contestó que ya no hacían, que echaban el cierre al día siguiente. Ese día sólo podían hacer kebaps. ¿A quién echaba la culpa el dependiente? ¿A la clientela? ¿A la zona? No, a la crisis. Aunque estuviera tratando con un dependiente de comida rápida mi comentó toda su experiencia laboral y me quedé asombrado. A lo que ha llegado la crisis, un tío con más de una decena de años de cocinero cerrando un garito de comida "basura". Que este tipo de locales cierre te demuestra que algo mal va en la economía local.

    Hoy fui a correos a acompañar a mi mujer y nos encontramos con una cola gigantesca, debído a una huelga que hubo en días anteriores. Se ve que los carteros aún no se han enterado que los datos macroeconómicos del país son muy buenos (sarcasmo). Total, tras pillar turno calculé que podíamos esperar aún una hora, así que le ofrecí a mi mujer pasarnos un rato por la tienda de objetos de segunda mano que había cerca.

    Me encanta esa tienda, llevo yendo desde que iba al instituto. Ahí me compré en su día mi primera PlayStation, mi Nintendo DS o incluso mi Wii U. Gracias a esta tienda mi juegoteca tiene grandes títulos como el Dino Crisis, el Turok, el Wave Race 64 o incluso el Final Fantasy IX. De normal, ir a esta tienda se convertía en mi pequeña alegría de la semana y solía pasarme al salir de la oficina una o dos veces por semana. Siempre había algo que me interesaba comprar e iba haciendo cálculos para ver que adquirir a primeros de mes. ¿Primer día de mes? Juegazo retro. ¿Mi última adquisición? El FIFA de SNES por 10€.

   Ya en la tienda, mi mujer encontró una serie anime de 8 euros, pero al cobrarnos nos pidieron sólo 6 euros. Le pregunté al dependiente si se había equivocado y entre sollozos me respondió que no, que estaba todo al 20% de descuento por que echaban el cierre. A mi esto me supuso un golpe duro, porque me encantaba este negocio y de entre todos los negocios que he visto cerrar éste era el que mayor repercusión ha tenido en mi vida.

    Pobre inocente de mí, les pregunté hasta cuando segurían con el negocio abierto y no me supieron contestar. Esa es la peor sensación que puede tener un hombre en la vida, saber que vas a ser despedido y no saber cuando sucederá. Al igual que con la peluquería, fui recibiendo pistas a lo largo de los útlimos meses. Un mes se me hacía un descuento por que sí, por mi cara bonita, puesto que según el dueño era el único que le compraba los juegos viejunos, otro mes te encontrabas con que ya no compraban cosas por que estaban "reformando" el negocio... y otro día te encuentras con que los dependientes de toda la vida han cambiado... y encima echan el cierre.

    Lo siento por los políticos y sus datos marcoeconómicos. Pero los negocios de barrio a los que acudo cierran, todos. Hasta la copistería a la que nunca acudo ha cerrado. Sólo puedo decirle una cosa a los políticos: Que os follen. Yo no quiero ser cliente de un Carrefour, ni ir a un centro comercial para cenar un kebap y desde luego no quiero coger un coche o el metro para ir al centro para ver tiendas de segunda mano. Los negocios de barrio han muerto, este es el gran éxito de esta "clase" política. Y lo triste es que ni siquiera vivo en un pueblo, si no en la tercera ciudad más poblada de España. Eso sí, mi ayuntamiento se gastará este año 13 millones de euros en limpiar los jardines y desde hace varios hay un neumático de bicicleta clavado en un árbol en la avenida Blasco Ibañez (en frente de Rumbo 144). Lleva tanto tiempo que es visible desde Google Maps... y es más, con el historial de Street View se puede comprabar que el neumático lleva en el árbol nada más y nada menos... ¡que cuatro años! Señora alcaldesa, por un millón menos me ofrezco a quitar el neumático del árbol.

El neúmatico en la actualidad en Google Maps.

Con Street View podemos comprabar que lleva ahí desde Febrero de 2011.

Esta foto la saqué el otro día.

    El 24 de mayo iré a votar y votaré algo que espero que cambie la vida política de mi país. Desde luego, las malas políticas de la última década han cambiado por completo mi forma de vivir y ahora me toca a mí cambiarles a ellos su forma de vivir. Y a esto señores, no se le llama Venezuela, ni bolivalizar un país, se llama democracia.

1 comentario:

  1. Lamentable situación, y lo peor es que sucede en muchos lados.

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