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02 noviembre, 2009

Un día de furia (2º parte)

Mi vida da para hacer una serie de televisión, por que como siempre me pasa de todo se puede decir que pese a considerarme una persona seria, estar conmigo es muy divertido. Recientemente conté en mi blog cómo mi jefe me convenció para realizar hoy, de forma totalmente gratis, una instalación a 400 km de mi casa.

Pues hoy resulta, que la persona que tiene que "impartirme el curso" (que no es curso, es una forma de conseguir que los empleados trabajen gratis) se ha puesto enferma y no puede viajar. Esto cambia totalmente el escenario: de ir a tomar fotos (pese a que le motivo real fuera ir a instalar gratis), paso a ser instalador del susodicho servidor.

Tras llevar dos horas en la oficina, el jefe me ha invitado a entrar en su despacho. Una vez dentro me comentó que como mi compañero no puede acudir, entiende que mi participación en esta instalación cambia totalmente, y tirando la casa por la ventana me ofrece 20 euros/día por ir (poner risas en lata aquí).

Sin dudarlo me negué: es muy poco dinero. Entonces insistió y me dijo que no iría sólo, y que no podía pagarme más que a la otra persona que vendría. De hecho, el jefe tiene en mente dos personas: Persona A y Persona B. Le pregunté si habló con Persona A sobre este tema. Me dijo que no. Le pregunté si hizo lo mismo con Persona B. Me dijo que sí. Ante este panorama elegí la Persona B. Incluso me comentó que si quería más dinero podía ir sólo, a lo que me volví a negar.

Aún así le remarqué que como cambiaba totalmente el escenario, no quería ir... 20 euros es muy poco. Y tras un silencio sepulcral, me preguntó:
- ¿Qué pasa Sebas? ¿No te interesa el trabajo?
- No, no me interesa.

Mi jefe puso cara de "¿¡WTF?!", como si le hubiera soltado una bomba. ¿Cómo puede ser que un programador no quiera recorrer entre ida y vuelta 800 km por 40 euros para instalar dos servidores? De todas formas se mostró conciliador matizando que no pretendía hacer ninguna discriminación económica conmigo, que entendía que 40 euros eran muy pocos pero que no podía pagarme más por ello. Más que nada por que matizó que es lo mismo que va a pagar a mi acompañante.
- Vamos a ver, no es por no ir. Si me dijeras "tienes que ir por huevos" pues yo voy. Pero si me pides mi opinión, esto es lo que hay, no me interesa.

Entonces volvió a ponerse en plan conciliador, diciendo que entiende que en ocasiones el trabajo resulta gratificante y en otras no... pero que necesita pedir estas cosas y que no sería la primera vez que tendría que hacer una instalación.

do
{
fprintf(quejas_mias);
frpintf(respuestas_del_jefe);
}while (yo_no_acepto);
me_toca_ir();

Es una pena que los jefes antepongan sus problemas profesionales antes que a la conveniencia de sus empleados. Puesto que desde el principio estaba predefinido que yo debía ir, incluso si me venía mal por motivos personales.



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