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30 septiembre, 2013

El peor partido de fútbol que jamás he visto

Hacía tiempo que no volvía a pisar Mestalla, el estadio de mi querido Valencia CF. Para ser más concretos, desde que a principios de 2012 un tal Raúl González Blanco, por entonces en las filas del Schalke 04, nos metiera dos goles que nos eliminó de los octavos de final de la Liga de Campeones. Desde entonces la historia del equipo se resume perfectamente en un "quiero y no puedo", donde la venta de nuestras estrellas se ha vuelto una obligación para poder sobrevivir a la asfixiante hipoteca que tenemos por empezar a construir un estadio que ni podemos pagar, ni podemos terminar. El resultado es palpable, a pocos meses para el inicio de 2014 estamos sin estrellas, fuera de la Liga de Campeones y con el fantasma de la quiebra desaparición por la mente de los aficionados.

El sábado volví a pisar Mestalla, animado por la racha de dos victorias seguidas y porque nos enfrentábamos al colista de la liga, el cual llevaba encajados 20 goles en 6 partidos. También hizo bastante la llamada de un amigo informando que le sobraba una entrada, para qué engañarnos. En todo caso lo que vi el sábado no era un equipo de fútbol. Era toda una obra de teatro, una situación tan kafkiana que en contadas ocasiones llegó a rozar el ridículo y la vergüenza ajena. Básicamente no nos llevamos diez goles porque ni Messi ni Bale juegan en el Rayo Vallecano.

La verdad es que los primeros minutos fueron muy buenos, con un Jonas muy motivado y un Pabón que desbordaba por la banda izquierda, deslumbrando el colombiano con su mejor fútbol desde que llegó al Valencia. Pero pasados los veinte minutos de juego se acabó el espejismo, el Rayo, colista de la liga, se convirtió en amo y señor de la posesión, aunque Jonas maquillara el resultado con un precioso gol a la contra en el minuto 36.

No obstante, por un lado teníamos a un Joao más concentrado en buscarle las pulgas a Lass cada vez que éste se acercaba al área, tanto si Lass tenía el balón como si no; Y por otro lado veíamos a un Víctor Ruíz que parecía nervioso porque los delanteros rivales le desbordaban a cada jugada... amén de que también disponíamos de un Éver Banega que pese a ser la supuesta estrella del equipo apenas pudo dar un par de destellos, sobretodo a modo de regates para rescatar a un Canales que se metía cada pocos minutos en la boca de un lobo que le rodeaba a modo de trampa.

Y entre tanto caos los pelotazos sin rumbo que acababan en el campo rival fueron el cebo de Jonas para correr como nunca antes había corrido, lo que en cierta jugada le hizo crecerse, acercarse a un rival, hacer un amago de autopase y tirarse al suelo en la representación más infantil y estúpida que jamás uno se podría creer. Es decir, pudiendo elegir entre miles de opciones Jonas eligió, en la jugada que guardo en mi retina, tirarse al suelo de la forma más descarada e indigna. Y mira que me duele decir esto, puesto que el artillero brasileño es el futbolista al que más cariño guardo.

Pero este cúmulo de despropósitos no hizo más que destapar la caja de tormentas que aparecerían en la segunda parte. Tanto nuestro portero titular como el "suplente Guaita" están lesionados y en vez de apostar por el tercer portero, nuestro entrenador decidió apostar en este partido por un Diego Alves cojo. Repito, nuestro portero titular está COJO. Y no lo digo porque a cada balonazo, o roce, éste se tirara al suelo e hiciera una representación teatral más grande que la de Jonas, si no porque era incapaz de realizar saques de puerta, delegando cada uno de los lanzamientos al defensa de turno, los cuales se mostraban cada uno más miope que el anterior, regalando el balón en situaciones que deberían de ser controladas sí o sí. Sin duda, la falta de acierto en los saques de puerta fue una de las causas que hicieron que nuestra posesión fuera nula.

Y esto me lleva al siguiente en discordia, Mathieu, el interior izquierdo reconvertido a lateral izquierdo lleva un par de partidos jugando de central izquierdo (éste inclusive) y como resultado llevaba tal cacao encima que realizó un par de pases largos verticales que se toparon una y otra vez con los centrocampistas rivales. Crucemos los dedos por la pronta recuperación de Costa o la recorrección de comportamiento de Rami, puesto que la tupla Mathieu-Ruiz hizo agua en este partido.

De todas formas el verdadero caos vino con los cambios: El triángulo de las bermudas del fútbol, en vez de cambiar a un portero que daba la misma seguridad que un becario en la sala técnica de un reactor nuclear ruso, el entrenador apostó por cambiar al lateral derecho (Joao), al pivote derecho (Banega) y al interior derecho (Fede) por Barragán, Míchel y Feghouli. El técnico básicamente ha reemplazo toda la banda derecha y en vez de materializarse esto un un lado "fresco", "con fuerza" e "impulso" para atacar en el último tramo de partido, realmente se generó una especie de cono o agujero negro que se tragaba todo el fútbol de su alrededor y como resultado dió una autopista que fue empleada por la delantera del Rayo durante toda la segunda parte.

Realmente Barragán no jugó mal, pero Lass era demasiado para él y para pararle los pies necesitaba la ayuda constante de un Feghouli apagado, que ni corría, ni centraba, ni remataba (incluso con el portero batido). En serio, Feghouli no jugó al fútbol, parecía que se encontraba de parranda y su actitud totalmente indiferente se entendía en la grada como una falta de respeto que se materializó en varias sonadas pitadas.

Desde luego lejos queda el Valencia de Mendieta.

3 comentarios:

  1. Jaja estas describiendo un partido de la selección mexicana

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  2. Tan solo un comentario: los mejores minutos de Pabón desde que llegó a España los dio el año pasado en el Betis. :-)

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