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27 marzo, 2008

Disculpe las molestias, señor Anderson

Este post es una respuesta al publicado por un colega en disculpenlasmolestias.com.

Las empresas exigen conocimientos, títulos, compromiso... pero luego te lo agradecen pagándote un sueldo irrisorio, con falsas promesas, o declarando tu preparación como de clase inferior a la que toca para pagar menos impuestos a hacienda. ¿Se puede creer que es técnica habitual que a los ojos de una pequeña empresa un ingenierio equivalga en estudios a una cajera de supermercado? (por el bien de dicha empresa, claro está). Una hipocresía que toca tolerar para poder subsistir, puesto que las empresas quieren bonaches sumisos... y cuando te descuidas te clavan el puñal:
FINIQUITO, ya no nos eres útil, gracias por aguantar como un gilipollas y decir que sí a todo. Firme aquí, en *F8 para aceptar licencia*.

Somos una generación cómoda y consumista, ¡y que! Eso es bueno. La comodidad, o autocomplacencia, se debe a que no hemos vivido una dictadura como en antaño, no hemos vivido una guerra como en antaño, no hemos vivido una crisis económica como en antaño, no hemos vivido en una sociedad sin sindicatos, como en antaño... pero aún así, estamos explotados, y no hacen falta manifestaciones para verlo, basta con ver la nómina de cualquier joven con estudios universitarios.

En su post, querido colega, he visto una crítica al consumismo, la cual no me ha parecido muy acertada. ¿Por qué encuentro que el consumismo es bueno? Por el bien de la especie humana, claro está, y no estoy delirando. Está escrito en nuestros genes la necesidad de llamar la atención al sexo opuesto, la necesidad de expandir la especie humana. Para ello hay que causar buena impresión a nuestra pareja, y como no veo muy acertado realizar danzas de cortejo como en otras especies, y tampoco me veo en una ONG dispuesto partir a un país en guerra... lo más parecido que tenemos para llamar la antención a la chica guapa que nos interesa es comprarnos pantalones de marca, fardar de las últimas adquisiciones realizadas, ir a conciertos o quedar para ir al cine. Y el que no quiera llevarlo a la práctica se puede autodefinir como muermo, un chico aburrido que será recordado por nadie, que vivió en una época que a nadie le importa y que carecerá de frases ingeniosas en su lápida.

Y es que pese a toda esta parrafada, sólo hay una verdad cierta: con 24 años y un salario de explotado que no llega al milieurismo, un joven no se comprará una casa en su PUTA vida. Probablemente, a esa edad tus abuelos ya estaban casados y preparándose para formar una familia. Así que mientras tu, yo, nuestras chicas, o nuestros amigos no puedan independizarse... toca vivir de papa y de mama, toca comer lo que cocinan en casa, toca ver la tele con tus papitos. Toca ser un parásito en casa, pero no por comodidad, si no por necesidad.

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