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08 septiembre, 2014

Vivo en un país de pandereta

    Vivo un país, el español, donde arma más escándalo el número de seguidores de la cuenta de Twitter de Rajoy que el contrato precario de miles de ciudadanos (mío inclusive). La noticia ha sido portada de los informativos de todas las televisiones, desde Antena 3, La Sexta, pasando por Telecinco y hasta de entradas escritas por miembros de RTVE explicando cómo se pueden comprar seguidores en Twitter. También ha salido en todos los diarios, desde El País, pasando por Público y terminando en La Razón y ABC.

    ¿Es ilegal tener seguidores falsos en Twitter? No, que yo sepa. ¿Cambia algo en el mundo que Pablo Iglesias tenga más o menos seguidores que Rajoy? No, que yo sepa. ¿Cambiarán las medidas del Gobierno el hecho que se demuestre semejante escándalo? No, que yo sepa. Hablar del número de seguidores de un político en una red social es tan útil como hablar del último pantalón que compró la reina Leticia. Se le ha dado tanto bombo a esta noticia, que me encontraba noqueado. El partido que gobierna está imputado ahora mismo por corrupción, por tener una caja B con dudosos ingresos y con más que dudosos gastos... pero aquí la noticia que escandaliza a los medios no es dar bombo a un partido con financiación ilegal que llegó al poder prometiendo lo contrario que están haciendo, si no que Rajoy ahora tiene una oleada de nuevos seguidores en Twitter de forma fraudulenta.

    Tócate los cojones, da igual si te roban en la cara, que si tocas el Twitter, que es más cool que el papel higiénico de doble capa, ¡se te tiran los medios encima! Si Bárcenas quería haber hecho daño a Rajoy tendría que haber pasado de El País o de El Mundo, puesto que la fuente más fiable y dañina a día de hoy es hacer un perfil de Twitter... y si eso a cada imagen adjunta que pusiera Bárcenas en su Instagram, sería apoteósico si lo firmara con un "cc @marianorajoy, LB". Parece una tontería, pero aquí no pasa nada si el presidente manda mensajes de apoyo por sms a un corrupto, lo que te manda al escarmiento público es recibir un @ y acto seguido un unfollow del referenciado, ¡porque si te "unfollowea" debe ser por que dice la verdad el primero! Todo es falso, salvo alguna cosa, dicen.

    Vivo en un país, el valenciano, que desde que está en democracia se ha enriquecido con las ayudas europeas. La paradoja es que a día de hoy, gracias a la política, está en ruinas. En Valencia sabemos mucho de hacer monumentos de cartón-piedra y sabemos que se pueden organizar circuitos de Fórmula 1, competiciones de regatas de fama mundial y edificios mastodónticos sin utilidad alguna gracias a una contabilidad sin igual. Tan sin igual que a día de hoy Europa nos mira con lupa todos los presupuestos desde 1988 por prestunto fraude.

    Mi país valenciano ha sido tan masacrado por los autodenominados demócratas, que la fiscalía ha imputado a altos cargos por desviar dinero destinado a organizaciones no gubernamentales (caso Cooperación), por saquear el agua purificada (caso Emarsa) y por aceptar sobornos (caso Gürtel). Por casos como éste último ha llegado a dimitir Francisco Camps, el primer presidente autonómico en ser imputado en España. Y mientras se robaba y robaba, mi país ha avalado a tres clubes de fútbol: El Valencia CF, el Elche y el Hércules. ¡Pero eh! ¡Que la noticia es que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades! Mientras unos saqueaban Bankia (anteriormente Bancaja) y el Banco de Valencia y construían la Ciudad de las Artes y Las ciencias y el circuito de Fórmula 1... ahora resulta que no hay dinero para pagar a los funcionarios y que toca hacer tijera y pedir rescate financiero a España... en más de una ocasión. Y mientras, quitemos las ayudas a la dependencia y las becas, que eso es de comunistas (dicen). Y aquí señores no está el cuento de la "herencia recibida", si no el cuento de la futura madre de todas las herencias...

    En fin, seguid, seguid despotricando sobre los seguidores de Rajoy. A mi me preocupa comer. A cualquier cosa la llaman periodismo a día de hoy.

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